domingo, octubre 07, 2012

Todos saben a donde está el baño

Primer día de clases en el que se pasaba desde el jardín de infantes hacia la primaria formal. Ya era un niño grande o por lo menos eso me decían. La maestra daba explicaciones sobre como el día debía transcurrir: el horario había cambiado y ahora saldríamos más tarde, los recesos eran más extensos y más espaciados. Muchos atendían, yo miraba las ventanas y el pizarrón. Dirigí mi mirada hacia la puerta y miré que a diferencia del jardín de infantes el baño no estaba al frente. Como un presagio sentí la vejiga llenarse y apretar desde adentro. La maestra preguntó: -¿Todos saben a donde está el baño?  Un silencio recorrió la clase y miraba como todos mis compañeros asentían y uno que otro lo afirmaba con un: -Sí. ¡Qué vergüenza me acogía al darme cuenta que era el único que no sabía a donde estaban los baños! Por tímido, no se me ocurrió preguntar o dejar en evidencia mi ignorancia. Finalmente, al pasar el tiempo fue inevitable que mi cuerpo deje salir los orines que mojaban el pantalón, pupitre y suelo. A pesar del episodio, mis compañeros de promoción hasta el día de hoy recuerdan el incidente más no del santo que se orinó en clases.

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