Me fascina tratar de entender la mente de los idealistas de la
Revolución Ciudadana. Es un pasatiempo culposo el intentar asimilarlos.
Ellos se creen los ungidos, y las voces autorizadas para decir al mundo
que hacer. Sí, ellos, rectores del mundo, así se ven y así se tratan.
Nos es inusual que en Presidencia se reúnan en largas jornadas, una
serie de asesores, llamados a debatir y planear temas trascendentales.
Así de trascendentales como el texto que preparan en el que le dirán al
mundo, qué hacer después del colapso del capitalismo. Los ungidos.
Y claro que están ocupadísimos pensando en cómo todos debemos vivir el
buen vivir que nos vienen inventando. Copada la agenda papá, uf.
Largas discusiones de cómo el mundo le preguntará a esta triste nación
óleo dependiente, sobre el rumbo que el planeta tomará. Ellos los ungidos.
Pues están convencidos que el mundo fijará sus ojos en nosotros y
dirán: ahí está, qué país tan soberano y próspero, Ecuador es la solución.
Por ejemplo: no les gusta el nombre del "Ministerio de la
Producción". El término "producción" es muy burgués, muy
Revolución Industrial.
Al fin y al cabo esa es la Revolución incorrecta. Así que han estado
discutiendo a chaveta floja sobre posibles cambios de nombre.
Un nombre más orgánico, ciudadano, revolucionario, participativo,
cosmogónico, biopolítico, trascendental. En eso se van mis impuestos.
La tarea la tienen compleja. Qué difícil ser ungido: tener que decidir
eso y decirle al mundo, al mismo tiempo que hacer cuando todo acabe.
Que tarea tan honrada es el tragarse mis impuestos a borbotones, siendo
"Los Ungidos de Palacio" e inventando un mundo que nadie les pidió.
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