Al recordarte te recuerdo y sin menor pausa te pierdo. Al perderte no te hallo y con un solo aliento te veo. Al verte te deseo y solo poderte quiero. Quiero poderte desear, verte y perderte, tan solo quiero que de tí recuerde una vez más. De tu sonrisa inmolo el viento, con el querer camino y de él me alimento.
Por qué me has vuelto el fénix de tus caricias? El inmutable avatar de sentimientos. Trágica lascivia, te ordena, y tú en el gesto de amor; no respondes...actuas. Es acaso el más simple ardor de tu piel lo que me ordena, lo que me quema, o es algo más allá, del querer mismo. El haber imposible, no me importa, porque tengo tiempo. Del entender y del amar me ocuparé. Como una voz de la conciencia, un muñon elucubrante de la razón.
Acaso importa el esperar, si por un objeto del querer se puede hacer más? Que importa el morir?, si de igual forma es un presagio fatal. Tu naturaleza prima, gana, destruye, purga y me consume. Te has vuelto otra vez el innombrable. El no existente. El vacío. La nada. El vacuo haber me abraza y conforto tu querer. Balbuceas, lo más complejo, del intricado saber. Mutila el vocablo y degenera mi expresión, mata y resucita el lenguaje.
Predilecciones inexplicables de la metamorfosis del querer. No soy to Gregorio Samsa, pero sí, el cambio radical, pungente. Vituperios permanentes, odas incompletas, versos moribundos, novelas vírgenes y personajes. El cotidiano disentir por tí, me corrompe; y creé de nuevo para tí, el más errado vocablo. Simplemente tu nombre navega en la fúrica memoria, vagando por recuerdos y despuntando sentimientos. Desentierras pasiones. Excavas olvidos. Eres el resumen de todo lo que he amado. No me digas que no puedo detentar el vanal suspiro de tu piel. La personificación cándida de tu piel es también tu tierno hablar. El más cruel sonido; perfumo tu sentir, y de pronto lo ves: soy yo.
Me he permitido vagar por mi memoria. En esta busqueda ofuscada; no hallo el poder. Al poder lo he perdido. Eres tú. En esta búsqueda te he procurado recordar. Pero como llego a mi fin esperado, si te tengo siempre en mente? Es inútil que siga escribiendo, hoy no me levanté por tí. Solo lo hice por completar la rutina; de aquella en la que todavía no estas; de aquella que quiero expandir; de aquella que deseo que seas tú. De nuevo erré.
El tiempo escogió pasar, y no lo pudimos ver. El tiempo despegó de tu sien, el tiempo solo se nos fue. Las horas pasan y pasan, nos olvidan; pasan, se consumen; pasan, se aman; pasan.
Frágil caricia, rompe abruptamente nuestro silencio. Te siento cerca y sé que te necesito. Hay un bosquejo mental, un proceso déico, y la intrusión es evidente. Ya nada volverá a ser igual; como antes.
Mi tristeza es el más complejo de mis sentimientos. Colapso. El parecer cambia, todos mis huesos rien. Me desmorono y he escapado a nuestra realidad, de nuevo. Siento todavía la fuerza del viento en mis extremidades. Antes de comenzar a temblar, tuve un breve "flash". Te ví pasar. Contigo te llevaste lo último que quedaba de mí.
Todo lo que inventé pensando en tí, todo aquello que construí en fervor de tu recuerdo, volvió. Seguía recordandome lo que debía saber. Probar una vez más ese zumo de melocotón que esconden tus labios. No temblé. No supo a nada. Descubrí que el zumo nunca fue tuyo. Es esencia solo del momento. El zumo nunca fue tuyo. Quien diría que el no tenerte fue la mejor lección y remedio?. El no tenerte me hizo madurar, y apenas supe apreciar lo que no tuve.
Recuerdo que el más inocente "te quiero", encerraba misticismo. Que cada palabra que a bien, intercambiabamos, llevaba consigo mucho más que su lato significado. O por lo menos eso fue para mi. Allí estuvo nuestro problema. Nunca fuí tu prioridad. Nunca fuí aquel que velaba tu sueño; me sentí atendido más no amado.
Claro que recuerdo tus besos, tus manos, tus gestos puros y los impuros. Claro que recuerdo tus pequeñas frases. Me acuerdo hasta de tu otro "yo"; el que en mi más grande capricho, inventé para mi. Pero jamás me acuerdo de haberte sentido cerca, cuando estuviste lejos. No recuerdo si lo intentaste. No recuerdo.
Toda ves que te veía en esa foto, lo único que me permitía hacer, era darte más importancia...extrañaré desear absurdos.
Lo peor de todo, es que fue aquel dulce preciado que apodan amor. Apenas si lo pude saborear, oler, examinar, porque de la comisura de mis labios se fue.
Tu fuiste esa primera vez. Tu fuiste ese primer dulce; mi primer golosina; mi primer amor.
Escribí para tí; abrazé ríos de tinta; y susurrraba tu nombre en cada orilla, buscándote en mi inequívoco recuerdo. Diseñé hasta una manera de quererte...y claro de aquella manera en la que te recordaba. Lo cierto es que hasta de tu voz me había olvidado. Pero tu semblante quedó grabado en toda imagen que veía. La ausencia de tu voz, sí la reemplazé, y escogí los mortales sonidos de la composición humana.
Ese fue nuestro problema: mi desmedido querer. El problema fui yo. Quedé varado. Sin saber donde me encontraba, y sin saber que buscar, cuando en los breves momentos en que no te buscaba a tí, intentaba reestablecer algo de mi... fracasaba. No fue posible. La marea me había deshecho, y la marea eras tú. Trágicamente siempre tú.
Rica materia que desgrana. Nutre, y que para mi "Fausto" propósito enmarca aquello que tengo hoy. No dejo escapar el hoy, pero permito expiar sentimientos infieles que han dictado mi proceder, por ya muchos años.
No permito perdonarme, sería darme más libertad, y no puedo dejar escapar a mis demonios, tan nefastos y hambrientos. De hacerlo te devorarían, y sería... yo, tu asesino.
Pura envidia puedo evitar, mas no el mínimo reproche que viene de tí. No me comprendo y en esa altiva tarea, me transformo en el paladín, que sin espada, blande solamente sentimientos y palabras.
Ira descontrolada y ya, personificada posee los últimos vestigios de tu recuerdo. He decidido dejarte. Puedes descanzar de mi.
Este es el penoso testimonio de mi psiquis. El triste recordatorio de lo que zurca mi mente. ¿Quién te dijo que sería tan ajeno a mí?
Asi, para ti, inventé un idioma. Manufacturé mil palabras y ninguna me dice lo que quiero escuchar de ti. Ya te has ido...
Fue permanente, mas no perpetuo...
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