Se desplomó con fuerza. ¡Pum! Sonó estrepitosamente, y cayó asustado por la malicia que lo rodeaba. Débilmente buscó con un ojo alguna manera de escapar. No la halló. ¿Acaso habrá alguna manera de expiar las penas del país?
Las penas crecen, y los gritos de los gritones, gritándose, en frente de un mural de Guayasamín; no ayudan. ¡Que hospicio! ¡Que hospicio!, este mi país y su ruta eterna. Que oda a la incompetencia, al festín de los engaños, a la orgía del poder, que nos deja solo con la posibilidad de mirar atónitos lo que ocurre.
Se levanta otra vez el triste espectador, cansado, ya no tiene fuerzas para gritar, ya no tiene fuerzas para luchar. Lo han agotado, ese raudal de declaraciones desmesuradas, y defensas estultas. ¿Quién entiende los juegos políticos? ¿Quién da razón de las politiquerías más canallas?
De seguro, el triste espectador no lo sabe. Vuelve...rabia, dolor, impotencia e ira inconmensurable. Vuelven día a día, y no dejan en paz la pobre culpa de los que por bien hacer o por cierto razonamiento aportaron con su voto. La mordaz arrogancia, hace que los personajes más tétricos del funcionar actual, estén ocultos, disfrazados y lleven consigo un “perfil bajo”, por la malacrianza de todos nosotros, al dejarlos participar sin contrariedad alguna, en la vida política.
Cualquiera diría que se siente en una novela de Dostoiewski. Panorama sombrío, ciertamente, pero no desesperado, y los transgresores libres, por encima de un turbio pantano de la depravación y el vicio flota como un hálito de redención inexpresada. Y el triste espectador espera en la orilla, a que llegue ese extraño y sugestivo presentimiento de luz y de pureza.
Pero resulta que la cura fue peor que la enfermedad. Si antes nos quejábamos de cortes politizadas por un partido. ¡Es hora de quejarnos más! Antes jueces tenían inclinaciones ideológicas semejantes, pero los nuevos títeres son peores; afiliados a otros partidos que no han demostrado más que ser unos contubernios de horror. Antes por lo menos se podía prever lo que vendría, hoy será imposible con esos muñequitos nuevos bamboleantes, al igual que las ideologías de sus partidos.
Es hora de atemorizarse, la novela ha dado el fin, solamente a su párrafo Introductorio. No quiero seguir volteando laspáginas de esta novela llamada “Ecuador”, pero sé, que cerrar el libro y no leer, será peor. Sigamos leyendo, pero juntos y escribamos nuevos capítulos, porque todavía las hojas...todavía no acaban.
Las penas crecen, y los gritos de los gritones, gritándose, en frente de un mural de Guayasamín; no ayudan. ¡Que hospicio! ¡Que hospicio!, este mi país y su ruta eterna. Que oda a la incompetencia, al festín de los engaños, a la orgía del poder, que nos deja solo con la posibilidad de mirar atónitos lo que ocurre.
Se levanta otra vez el triste espectador, cansado, ya no tiene fuerzas para gritar, ya no tiene fuerzas para luchar. Lo han agotado, ese raudal de declaraciones desmesuradas, y defensas estultas. ¿Quién entiende los juegos políticos? ¿Quién da razón de las politiquerías más canallas?
De seguro, el triste espectador no lo sabe. Vuelve...rabia, dolor, impotencia e ira inconmensurable. Vuelven día a día, y no dejan en paz la pobre culpa de los que por bien hacer o por cierto razonamiento aportaron con su voto. La mordaz arrogancia, hace que los personajes más tétricos del funcionar actual, estén ocultos, disfrazados y lleven consigo un “perfil bajo”, por la malacrianza de todos nosotros, al dejarlos participar sin contrariedad alguna, en la vida política.
Cualquiera diría que se siente en una novela de Dostoiewski. Panorama sombrío, ciertamente, pero no desesperado, y los transgresores libres, por encima de un turbio pantano de la depravación y el vicio flota como un hálito de redención inexpresada. Y el triste espectador espera en la orilla, a que llegue ese extraño y sugestivo presentimiento de luz y de pureza.
Pero resulta que la cura fue peor que la enfermedad. Si antes nos quejábamos de cortes politizadas por un partido. ¡Es hora de quejarnos más! Antes jueces tenían inclinaciones ideológicas semejantes, pero los nuevos títeres son peores; afiliados a otros partidos que no han demostrado más que ser unos contubernios de horror. Antes por lo menos se podía prever lo que vendría, hoy será imposible con esos muñequitos nuevos bamboleantes, al igual que las ideologías de sus partidos.
Es hora de atemorizarse, la novela ha dado el fin, solamente a su párrafo Introductorio. No quiero seguir volteando laspáginas de esta novela llamada “Ecuador”, pero sé, que cerrar el libro y no leer, será peor. Sigamos leyendo, pero juntos y escribamos nuevos capítulos, porque todavía las hojas...todavía no acaban.
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