Recorro en silencio tu silueta.
Despunto, subo y bajo de tu virgen quijada,
huelo y saboreo el bajar delgado de tu cuello.
Camino por tu esternón,
paseo sin fin por la tez de tu costado,
abrazo y acojo tu dulce aliento.
Resbalo por tu brazo derecho,
llego a tu palma y acaricio
línea a línea tu mano tersa.
Caigo y recaigo en tu ombligo,
desciendo y topo el fin de aquel pozo natal.
Acogido; reposo, y surjo de nuevo.
Recorro en silencio tu silueta,
la memorizé a raja tabla;
aquella, la que todavía no conozco.
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