
Álgido tema en demasía, por estas fechas por el Generalísimo Chávez y sus trinca de amigotes es el de hablar de Bolívar. Su hidalguía porte, decisión, estadismo, gallardía, y cuanto demás adjetivo ensalce su omnipresente posición hoy en día, esta visto con aprecio y decoro. ¿Pero acaso era Bolívar un hombre de inmaculado pensamiento político, desinteresado proceder e intachable carácter. La historia parece estar ciega o los historiadores tuertos, porque hasta el día hoy solo de Jesús he podido escuchar tanto adjetivo y ni una sola falta. Se dice de manera muy acertada: la historia la escriben los que la ganan. Verdad muy pertinente y que duele a quienes les cae en referente a sus ídolos e iconos intocables. Ejemplo en este breve ensayo: Simón Bolívar.
En los pensamientos de Marx, al hacer este una biografía sobre Bolívar es muy claro en su apreciación. Comienza al nombrarlo como «El Libertador», justamente entre comillas. Los adjetivos que él expone son el contrario de los que hoy se escuchan de él a cada instante. Canalla, desertor, brutal, miserable, traidor, entre otros, y uno de alcances hasta poéticos cuando lo describe como el «Napoleón de las retiradas». Marx va más allá cuando dice que hubiera « [...] sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque. [...] » (Según Engels el verdadero hombre-mediocre). Para 1860 Marx en un artículo posterior expone que la fantasía popular es fuerza creadora de mitos, que en todas sus épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres y que Simón Bolívar es el ejemplo más notable de este tipo. El conocimiento que brinda Marx en estos artículos, sobre las fechas y los acontecimientos de la gesta independentista, muestran una erudición o un acceso muy logrado a fuentes acertadas del tema. El meollo en sí radica, en la concepción diferente que nos brinda del Gran Libertador.
El sueño de Bolívar que tantas veces se ha escuchado o estudiado, se lo describe como el primer intento de unir América del Sur. A pesar que en sus cartas a sus colaboradores el claramente detalla la alienación del Bajo Perú, y los territorios más al Sur. Quedando así los hoy actuales: Venezuela, Colombia, Ecuador y Bolivia como sus hijos predilectos. Veamos así a Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay como los vástagos olvidados. ¿¡Qué unión tan separatista!? Claro, muchos argüirán sobre las distancias terribles entre el istmo de panamá y la tierra del fuego. Sí, es verdad, distancia implacable, pero en otro ejemplo de la misma época, en Estados Unidos, con una distancia más grande se logro de verdad unir un sueño de una sola Nación.
La historia que se imparte como cátedra en los países de Bolívar, podemos escuchar que fue Perú la que echó por la borda los ideales de la unión de la Gran Colombia. Que Perú solo usó el favor de las guerras independentistas hasta liberarse y después con un gesto soberbio, giró su proceder y nos dejó solos. Curiosamente, la historia que se imparte en libros de texto peruanos se habla de otros sucesos que nos resultan desconocidos. Cuando sus colaboradores y los ávidos de crear un esquema político más variado, quisieron invitar a su proyecto, a tierras libres como los Estados Unidos, Cuba, Brasil y Buenos Aires, él (Bolívar) los negó rotundamente. ¿Donde queda la estirpe de integrador de las Américas? Sin duda la historia no está libre de errores, y es adecuado estudiarla de nuevo.
No hay duda que deseaba crear un gran centro de poder en el norte con Colombia, Venezuela y Ecuador como una potencia que haga contrapeso a Estados Unidos, y teniendo como aliados menores a Perú y Bolivia. Eso explica sus afanes divisionistas, primero creando Bolivia y luego en su intento de fundar otra república al sur, con su capital en Arequipa. Esto es claro, y son datos que se pueden leer en sus cartas y escritos desde la presidencia de la Gran Colombia.
Que digan lo que quieran. Pero de estratega sí era un gran campeador.
Pero es, ¿acaso razón de orgullo ser parte de las naciones que «creó» Bolívar Si preguntáramos a un norteamericano si es orgulloso de ser hijo de la nación que sus padres fundadores hicieron (T. Jefferson, B. Franklin, etc), él nos diría lo más seguro: —Sí. Miremos la nación rica, poderosa, sabia y luchadora que es Estados Unidos de Norteamérica. Tan fuerte y patriota que hasta se robaron el título de «Americanos» y nadie chistó al respecto. Si a un chileno le preguntara si es orgulloso de su patria creada por O'Higgins, el diría altivo: —Sí. Una nación ordenada, productiva, que también ha luchado por su desarrollo, y que sin duda encabeza un poder geopolítico en la región. Y así a los países desechados por Bolívar si a sus ciudadanos los atacáramos con semejantes preguntas encontraríamos sus afirmaciones y sus razones del por qué.
En cambio, de las naciones que creó Bolívar somos orgullosos, ¿de qué? De la corrupción anquilosada, de débiles instituciones, de ignorancia supina, de dolientes vetustos comunistoides, de la más fantasiosa desorganización, y sin duda de una mezcla racial no muy apetecible en cuanto a rasgos fisonómicos. ¡Carajo! ¡Qué orgullo tan cojudo! Los países que nos heredó Bolívar no son más que un remache maltrecho de ideales corroídos. Y hoy por hoy quieren nuestros gobernantes, hacer con esto tierras de alta envergadura Hay que ser ciegos o completos cretinos para tragarnos este cuento barato. ¿Qué destino nos depara el sueño de Bolívar? No lo quiero ni pensar.
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